Suele compararse la adicción a las drogas con otras adicciones o hábitos desfavorables, como el uso excesivo de video juegos, internet, alimentación (obesidad o anorexia) ejercicio físico (vigorexia) etc.
Todas ellas comparten la existencia de factores previos (sociales de amistad y educativos) que facilitan un primer acercamiento, diferentes características personales y el papel de la familia para prevenir o ayudar a superar el desarrollo de las mismas.
La primera señal aparece cuando la realización de cualquiera de las actividades potencialmente adictivas empieza a copar todo el “horizonte” del adolescente con exclusión de otras actividades propias de la edad.
Un ejemplo de lo mencionado puede ser la adicción a internet que se manifestaría cuando:
- Se abandonan actividades de recreo, escolares, familiares, que antes se realizaban para dedicarse ahora a conectarse a internet.
- El uso de internet continua a pesar de sufrir problemas por su utilización excesiva (trastornos de sueño, atrofia muscular, retraso en encuentros sociales)
- Aparecen cambios en la conducta tales como aislamiento, introversión, obsesión por lo que puede estar ocurriendo en internet, etc.
Inicialmente puede bastar con el establecimiento de límites en el número de horas para la utilización de este recurso.
Un adecuado autoconocimiento sobre el origen de sus propias dificultades va a resultar más útil para encauzar la vida del adolescente y buscar juntos medidas correctoras.
Si se observara que a pesar de las estrategias el problema, lejos de mejorar se cronifica, siempre es aconsejable a un especialista.
Bibliografía: “Poner límites una forma de dar amor”
– Nuestros hijos y las drogas.
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