Hablar de sexo con nuestros hijos

Autor: Dr. Juan Carlos Kusnetzoff

¿Inicio una conversación casual?, ¿recurro a un libro para asesorarme primero?, ¿se lo transmito como lo hicieron conmigo, pero con otras palabras?, ¿espero a que me pregunte? Estas y otras tantas preguntas irrumpen en nuestra mente cuando pensamos en abordar, con ellos, el tema de la sexualidad. En esta nota, descubrirás que no es tan difícil como parece.

“Esos locos bajitos que se incorporan con lo ojos abiertos de par en par, sin respeto al horario ni a las costumbres y a los que, por su bien, dicen que hay que domesticar…”. Como afirma la letra de Joan Manuel Serrat, los hijos son nuestra prioridad, y queremos para ellos lo mejor, aunque no siempre seamos cien por ciento persistentes. La educación sexual es uno de esos escollos a superar, un aprendizaje mutuo donde transitamos caminos diversos, algunos más agradables que otros, ya que se ponen en juego miedos, prejuicios y la incertidumbre. En materia de sexualidad, lo aceptable y lo difundido como pecaminoso, lo que se debe y lo que no, lo hemos aprendido en casa desde chicos, de la mano de nuestros padres, con tíos o madrinas piolas o con hermanos mayores que oficiaron de celestinos. El problema es que no siempre se puede ser lo suficientemente claro e inteligible para que lo aprendido sea coherente a la hora de explicarlo. Además, nadie nos garantiza que no arrastremos enseñanzas algo demodé y estemos repletos de mitos que los psicólogos ya desterraron hace años. Igualmente, como en todas las cuestiones de la vida, no debemos dejar de transmitir los valores familiares que son propios de cada núcleo familiar. Es importante que reflexionemos muy bien acerca de cada situación puntual, para poder charlar sobre la dimensión amorosa y afectiva que acompaña la sexualidad, y que no sólo sean los de afuera quienes fijen sus reglas en una materia tan delicada sobre la forma de vincularse de nuestros hijos. No hay que dejar espacio a las dudas o a posibles confusiones, y nunca hay que olvidar que son sus emociones las que están en juego.

Esperar y recién contestar
Por lo general, los chicos ni suelen indagar en cuestiones que desconocen y, aunque el sexo esta presente en la vida, en la escuela, entre sus amigos, en los medios de comunicación, cuando nuestros hijos son pequeños se habla poco y nada del tema; y cuando se enuncia, por lo general, es para usar alguna palabra como insulto.
Es importante que reconozcamos un punto claro: si en nuestro hogar se creó un clima donde el sexo es tabú, nuestro hijo jamás formulará sus dudas, porque están mentalmente bloqueados para hacerlo. Pero si en nuestra casa se habla sin problemas, es más probable que algún día tu hijo pregunte un poco más en profundidad: “¿Qué es esto del sexo?”. En cualquiera de los dos casos, si creés que tu hijo ya está en edad de saber, hablá con él claramente y no dejes pasar el tiempo, porque lo más probable es que haya recibido información distorsionada o falsa. Es primordial que a la hora de hablar, se haga desde la confianza, con información adaptada a la edad, la comprensión y las experiencias familiares que puedan influir en su percepción emotiva. El cómo hablar de sexo estará relacionado con su personalidad y no con la tuya solamente, nadie mejor que ustedes para buscar el momento oportuno, las palabras que sabes que conoce o utiliza y la dosificación de datos ajustados a cada uno. No pienses tanto en el cómo, sino en las necesidades de aprender en cada momento de su crecimiento, pensá en él, en sus vergüenzas, sus intereses, sus preocupaciones. El modo de abordar la educación sexual y de poder hablar sobre sus experiencias, en caso de que quiera contarte además de preguntar, estará relacionado con su edad, su sexo, incluso con el contexto que frecuente o la edad de sus hermanos y vecinos. Nadie mejor que sus padres para buscar la manera óptima de abordar este asunto, de una forma adecuada que para él o ella sea apropiada.

Que papel juegan los libros
Si bien no hay nada mejor que la lectura específica para instruirse sobre un tema, en cuanto a sexualidad, lamentablemente, jamás podremos desligarle la responsabilidad a unas cuantas hojas de texto, como lo podemos hacer si hablamos de la Revolución Francesa. Esto es así porque en todo intento educativo, el entorno afectivo-emocional que contiene al niño que recibe la información permite que no se haga una libre interpretación. En una charla amena, aseguramos que haya quedado bien claro aquello que no debe faltar en una buena educación sexual, el respeto por otro, el cuidado, la salud, los riesgos de embarazo y de contagios.

En todos los casos, las decisiones son personales y dependen de la intimidad de cada núcleo familiar, pero es importante pensar en la temática antes de abordarla. Reflexionar para no repetir modelos anacrónicos. Informarse para no transmitir ideas inconvenientes o confusas, y conversar con nuestra pareja este camino, que se construye de a dos, que es la crianza de nuestros hijos.